jueves, 11 de septiembre de 2014

Sanitarium


Llevaba mucho tiempo queriendo jugar a Sanitarium, mayormente por la gran cantidad de buenas reseñas y comentarios relacionándolo con un juego más bien extraño, confuso, e inquietantemente bizarro. Junto a esa característica fragancia retro, propia de juegos de hace más de una década, y en parte semi-olvidados como Fallout I/ II, Diablo I /II o Planescape: Torment, lo convertían en uno de esos juegos que acabaría jugando sí o sí, encabezando una larga lista de juegos del estilo que pintan tremendamente bien y que no han pasado por mis manos aún.

Todos ellos acabarán de una forma u otra en el blog, y espero que pronto, pues tristemente no encuentro grandes expectativas en los juegos actuales para PC, y quizás se hayan alineado las estrellas para poder dejarme un poco de margen y jugar a aquellas joyas perdidas que siempre estuvieron presentes para llenar las agradables tardes de un verano que cada vez está más y más lejano.

Sanitarium fue publicado para PC en Marzo de 2001, como uno de los últimos juegos que acabaría desarrollando la compañía, con una decena de títulos propios de los años 90 a sus espaldas.

Dos años después del lanzamiento de Planescape: Torment, Sanitarium era lanzado al mercado con mucha esperanza, apostando por un género de juego aún sin explotar y una historia tan original como extraña, que a primera vista puede parecer arriesgada, pero que una vez en el juego, toma toda la normalidad del mundo y consigue presentar un argumento muy bien definido y claro.

Una vez dentro del juego, y de ver la poco esclarecedora cinemática (en el cual un hombre tiene un accidente de tráfico), descubrimos que el juego empieza de repente y sin aviso, dejando tantas preguntas en la cabeza del jugador como en nuestro pobre protagonista. ¿Quién eres? ¿Dónde estás? ¿Cómo has llegado allí? ¿Por qué?
El mundo se abre ante nuestros ojos y no recordamos nada, poco más que un ligero recuerdo lejano de nuestra vida antes aquel lugar tan inhóspito. Ruinas, aparatos mecánicos, celdas de contención y locura, pues poco tiempo tarda en descubrir que se encuentra en el lugar que da nombre al propio juego. Un hospital psiquiátrico. Una casa de locos. Un manicomio.

Ante las inquisitivas preguntas de Max, pocas respuestas claras podrá encontrar, dada la condición de todas las personas que le rodean, y el misterio no hará más que aumentar. Pero un momento. ¿Qué es eso? Un peligro se cierne sobre la vida de todos sus mentalmente discapacitados acompañantes, lo que obliga a Max a pensar con rapidez y salir de allí como pueda. Y no es más que a partir de su huida, cuando empieza el verdadero juego y entendemos que lo que estamos a punto de jugar difícilmente entra dentro de los límites de la racionalidad.

Max emprenderá un viaje, pero un viaje a través de su mente, para buscar respuestas y descubrir poco a poco, todo el trasfondo que Sanitarium tiene preparados para nosotros, a través de sutiles detalles e información bien clara que se irá abriendo a nosotros cada vez más y más, dejando finalmente un gran puzle que conseguirá darle sentido a todo y entender completamente todo lo que ha ocurrido en esta inquietante historia.


Un pueblo habitado por niños deformes, un circo en una pequeña isla y una ciudad azteca serán algunos de los extraños escenarios que veremos en nuestro paso por el juego, y que increíblemente tomarán significado en etapas avanzadas del juego, consiguiendo ese equilibrio tan buscado comúnmente entre lo raro y lo entendible, formando un hilo argumental extraño pero a la vez entendible por la mayoría de jugadores, que si bien no era lo que me esperaba, lo hizo todo más ameno y sin esa sensación tan incompleta de jugar a algo y no entenderlo del todo, como ocurre en ciertos juegos de semejantes características.

Al tratarse de un juego más bien antiguo, no es de extrañar que su jugabilidad sea muy orientada a la gran parte de juegos del mercado de aquella época, es decir, una aventura gráfica con diálogos, donde no existe ni existirá combate alguno, y en el cual se premia más nuestro intelecto que la pura fuerza bruta o la elocuencia en los diálogos.

Así pues, se trata de un juego muy simple, donde no hay varias opciones para conseguir los diferentes objetivos, como en los primeros Fallout, ni una gran variedad de métodos para dar rienda suelta a nuestra creatividad. El camino para llegar al final del juego es único, y siempre se nos da la información clave para ayudarnos a resolver los distintos enigmas que aparecerán en el transcurso del juego, muchas veces en forma de aventura gráfica corriente y objetos del entorno, como con puzles simples independientes en algunas partes.


Dicho esto, ¿se trata de un juego difícil? Yo creo que no. Los que me conocéis sabéis de primera mano que las aventuras gráficas, al igual que los puzles, no acostumbran a estar entre mis géneros favoritos, principalmente por la difícil curva de dificultad que estos juegos suelen presentar, atrapándome horas y horas en un punto que acaba por sacarme de quicio y obligándome a buscar ayuda para ciertas partes, lo que bajo mi punto de vista, le quita un poco de gracia al asunto.

La razón de que no considere muy difícil Sanitarium es el hecho de poder avanzar sin problemas por la mayor parte del juego, con algunos momentos puntuales que obligan al jugador a pensar en diálogos y combinar ciertos objetos que no se había planteado antes de quedarse atascado. Bajo mi punto de vista, los momentos de "no saber qué hacer" son varios, pero casi nunca llegan a conformar un titánico desafío para el jugador corriente que no tiene muy claro qué hacer a continuación. Muchos puzles se resuelven a base de probar y probar, y con un poco de búsqueda y deducción, todos los problemas tienen su particular solución.

Nunca he sido muy dado a estos juegos, y salvo en una ocasión, nunca me vi obligado a utilizar una guía, pudiendo disfrutar del juego pausadamente y sin prisas, pues los escenarios son más bien pequeños e independientes entre sí, lo que da muy poco margen a quedarse atascado y sin ninguna pista de qué hacer a continuación. Un aspecto del juego que me ha gustado mucho y que, tristemente, no puede ser igual para todos los jugadores, pues depende de cada uno y seguramente no todos acabemos avanzando en el juego de una manera tan fluida.


Como era de esperar, el juego explota mucho el tema psicológico y mental, y sus escenarios son sobresalientes en este aspecto para su época, con algunas partes muy bien cuidadas y con un detalle espectacular en muchos objetos del decorado.

Tristemente, su banda sonora es bastante reducida, con poco más que diez canciones en su repertorio, reflejando la naturaleza más bien breve del juego. En total hay nueve actos, pero todos ellos son pequeños y es posible acabar cada uno de ellos en menos de una hora o dos, con algunas excepciones para zonas que difícilmente nos durarán más de cuarenta minutos contando diálogos y enigmas.

Muchas de las piezas musicales me han gustado, en especial The Innocent Abandoned, Distorted Past y Church, con otros tantas honorables menciones entre ellas, especialmente a la "canción" de los créditos, una locura de diálogos formando una pegadiza canción techno. Buscadlo en Youtube si queréis, pero contiene muchos spoilers y prefiero que lo descubráis por vuestra cuenta. Por suerte o por desgracia, el easter egg dura muy poco y acto seguido empieza la canción real.


Uno de los factores que menos me han gustado ha sido la imposibilidad del protagonista para correr. Siempre, siempre se mueve andando, algo curioso en las primeras fases de juego, pero algo pesado en otras, donde en ocasiones cierto personaje te impide el paso por malas casualidades y tienes que dar toda la vuelta a un paso incluso más lento que el de Max, con la constante pregunta de si no hubiera sido más rápido a que el NPC se apartase y te dejara el camino libre que dar todo un lento paseo por un escenario que has recorrido ya más de diez veces.

Aun así, Sanitarium me ha gustado mucho, y pese a que me esperaba algo completamente distinto (más locura, más manicomio, más sinsentidos), ha acabado dejándome un recuerdo muy agradable de mi paso por el juego, con un argumento asombrosamente humano y entendible. Con muchos guiños a la personalidad y psicología del personaje, sí, pero con una historia altamente emotiva y seria al mismo tiempo, con un final muy satisfactorio y unas dosis aceptables de locura y bizarrismo. Las justas para hacer de Sanitarium un juego muy curioso y entretenido.

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